Cuentos

EL DESORDEN DE PAULA


Erase una vez una niña muy desordenada. Sus padres estaban cansados de recoger sus cosas. ¿Cuándo va a cambiar esta niña?, se preguntaban los padres.
Paula dejaba  todo tirado por el suelo siempre: ropa, zapatos, juguetes… Sus padres ya no sabían qué hacer para que Paula hiciese caso.
Una vez más de tantas sus padres le dejaron bien recogido su dormitorio, pero Paula no tardó en desordenarlo aunque ese día pasó algo especial : un calcetín le habló: hola Paula, ¿cómo siempre haciendo de las tuyas?.  La niña se quedó sorprendida, no sabía de dónde venía esa voz. ¡Aquí, aquí! No es un sueño soy yo, tu calcetín: dijo saltando entre juguetes y vestidos. Estamos hartos de que nos tengas por el suelo, si sigues así llegará un momento en el que tus ropas no querrán vestirte ni los juguetes jugar contigo, tienes que cambiar. Una vez dicho esto el calcetín se metió bien dobladito en su cajón. Paula sin creerse del todo que el calcetín le había hablado empezó a recoger todas sus cosas aunque el orden le duro poco. A los tres días se le había olvidado todo lo que le había dicho el calcetín.

Un sábado los padres de Paula decidieron llevarla al cine. Ella muy contenta fue a vestirse pero como todo lo tenía por el suelo los zapatos no quisieron ponerse en sus pies, ni sus vestidos y camisetas en su cuerpo.
¡Vestidme vestidme, no lo volveré a hacer nunca más!: decía Paula llorando. Pero ya era demasiado tarde. Paula se tuvo que quedar ese día en casa pero por fin aprendió la lección y se volvió una niña buena y ordenada.

Alba Pérez Valle


¿A QUÉ SABE LA LUNA?
Hacía mucho tiempo que los animales deseaban averiguar a qué sabía la luna. ¿Sería dulce o salada?, tan solo querían probar un pedacito. Por las noches, miraban ansiosos hacia el cielo, se estiraban e intentaban cogerla, alargando el cuello, las piernas y los brazos. Pero todo fue en vano, y ni el animal más grande pudo alcanzarla. Un buen día, la vaca decidió subir a la montaña más atraparla poder tocar la luna. Desde allí arriba, la luna estaba más cerca; pero la vaca no podía tocarla. Entonces, llamó al gallo.
- Si te subes a mi espalda, tal vez lleguemos a la luna.
Y se estiraron mucho mucho, pero no pudieron alcanzarla. Como el gayo no pudo tocar la luna, llamó al gato.
- Si te subes a mi espalda, a lo mejor la alcanzamos.
El gato se estiró y estiró, pero no sirvió de nada, no pudieron alcanzar la luna.
Y llamó al cerdo.
- Si te subes a mi espalda, es probable que nos acerquemos más a ella.
El gato se esforzó mucho, y se estiró y estiró, pero no llegaron a tocarla.
Y llamó al perro.
- Si te subes a mi espalda, quizá podamos alcanzarla.
El perro se estiró y estiró y tampoco esta vez lograron tocar la luna,
y llamaron al conejo
- Verás cómo lo conseguimos, si te subes a mi espalda-dijo el perro.
El conejo se subió encima de la espalda de la vaca, el gallo, el gato, el cerdo y el perro y de repente …
...de un mordisco, ¡ZAS!
arrancó un trozo pequeño de la luna y lo saboreó complacido y después fue dando un pedacito
a la vaca, al gallo, al gato, al cerdo y al perro.
Y la luna les supo exactamente a aquello que más le gustaba a cada uno.

¿Y a ti, a que te sabe la luna?

Laura Caracuel Sibajas


UN FANTASMA CON ASMA  

Godofredo, el matasanos,
Se ha levantado temprano;
Va a visitar a un paciente más raro de lo corriente.

Es un fantasma con asma,
Que ya ni asusta ni pasma;
Tose mucho aúlla poco
Y estornuda como un loco.

Vive de noche y de día
En una mansión muy fría,
Muy cerquita de la luna
Y más solo que la una.

Con bufanda, gorro y guantes
Vaga el espíritu errante
Por lugar tan poco cálido,
Y está pálido y escuálido

Godofredo en Nochebuena va a curar al alma en pena
Y examina con sus lentes pacientemente al paciente
Con atención exclusiva lo mira de abajo arriba
Con empeño y con trabajo lo mira de arriba abajo

Después de una hora y media consulta su enciclopedia
Y contra todo pronóstico da el médico su diagnóstico
Este fantasmal fantasma no tiene gripe no tiene gripe ni asma
De lo que sufre en verdad es de una gran soledad
Esa constante friolera es de dentro y no de fuera
Que a un corazón sin amor se le va todo el calor

Le receta el recetante una receta brillante
Dosis enormes de afecto para mejorar su aspecto
Besos caricias cosquillas
Ni jarabes ni pastillas
Cucamonas y achuchones
Ni pomadas ni inyecciones

Y le da el curalotodo
Pensando un poquito en todo
Las señas de unos fantasmas
Que van a curarle el asma

Viven en una atalaya muy cerquita de la playa
Junto a un enorme membrillo en un castillo amarillo

Sale el fantasma de viaje
Con muy poquito equipaje
Con la maleta vacía
Pero lleno de alegría

Vaga y vaga el vagabundo
Recorriendo medio mundo
Y da en un lugar ventoso
Con el castillo dichoso

Un fantasma hospitalario
Un poquillo estrafalario
Le ofrece albergue y cobijo
Y lo trata como a un hijo

Tres fantasmitas llorones
Le dan cientos de achuchones
Y una fantasma con moña
Cariños y carantoñas

Con tanta zalamería
Ya el fantasma no se enfría
Esta fuerte como un roble
Y canta y se ríe el doble

Aquí  se acaba este cuento
Sin cataplasmas ni ungüentos
Y es que el cariño a raudales

Alivia todos los males 

Carmen Garcia Velasco

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